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viernes, 15 de diciembre de 2017

La Costa de Michoacan, México.

LA TICLA

Paraíso en la Selva Tropical 



       
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Estos breves artículos que a continuación les comparto, fueron escritos para Planeta Surf Magazine, revista virtual de Surf con la que he colaborado lo que va de este año. Uno de los viajes mas deseados, anelados  y esperados  fue este que hicimos a la costa norte del pacifico mexicano y este año por fin se cumplió. Sobre todo gracias al apoyo de Planeta, proyecto con el cual sé que se avecinan grandes éxitos. Me encantó conocer estos spots, y en la Ticla en especial me divertí muchísimo, conocí gente fabulosa. , las olas aunque pequeñas estaban relindas, con mucha pared y mucha línea para jugar. Pude surfear muy bien y me sentí segura. Fue fantástico conocer a la bandita de Sinaloa, y al Patrick de Tasmania, Australia. Estos chavos me abrieron la mente y me hicieron darme mas cuenta de que hay mas mucho, muchisimo mundo por conocer. 
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La costa de Mechoacán está llena de playas vírgenes, solitarias y silvestres. No es casualidad que muchos de los lugares naturales más atrayentes de la geografía mexicana se encuentren en los litorales michoacanos.

A cuarenta minutos de Pascuales Colima se encuentra la Ticla, playa que concentra en un sólo lugar buena parte de los atractivos que caracterizan al Pacífico Mexicano y sobre todo de la costa michoacana. A pesar de que no es la única, la Ticla figura por su turismo eco sustentable. Llegar aquí es como entrar en un sueño. Palmeras, ríos y unas olas que satisfacen al más exigente. Las corrientes varían según la estación del año, pero aquí hay días de surf épicos y hermosos.

Hay una especie de misticismo que rodea estos lugares. Desde la salvaje selva que lo cubre todo, hasta la cultura que envuelve a su gente. Donde todavía se puede sentir a la gente muy conectada con sus raíces y con la naturaleza que las rodea y a la cual protegen. Esto ha permitido que estas costas se hallan mantenido vírgenes y semi vírgenes, limpias y que hayan conservado su belleza natural, con un eco-turismo responsable, que atrae tanto extranjeros como nacionales.



La fauna marina abunda aquí, pues la salida de los ríos además de dar pasó a las corrientes que permiten que las olas se formen, también atrae a gran cantidad de peces lo que lo vuelve ideal para práctica de la pesca.


Llegar es muy fácil, tanto si vienes de cualquier parte de la costa, hasta para quienes vienen del centro del país. La autopista al centro de Guadalajara te deja a solo tres horas, lo cual permite que muchos de los surfistas cita-dinos vengan a disfrutar de la playa aquí. 









martes, 4 de abril de 2017

Algo para aprender en la Vida

SURF Y MEDITACIÓN

Un portal a otra dimensión mental

Quizá hayas escuchado sobre monjes y gurús en el Tíbet o la India que se pasan el día sentados, repitiendo Om y viviendo una vida alejada de placeres mundanos en guaridas ocultas en las montañas. Si eres surfer, quizá creas que esto de meditar no tiene nada que ver contigo. Lo más probable es que no tengas idea de lo que la palabra “meditación” implique, ni de cómo esta actividad se relaciona con el surf y puede ayudar a desarrollar notoriamente en las personas su capacidad de atención y concentración, para mejorar su calidad de vida.
La meditación va más allá de territorios, religiones, actividades o culturas. Es una actividad que se puede incorporar fácilmente a cualquier estilo de vida, en cualquier parte, sin excepción.
En el mundo hay personas que están muy lejos de crear espacio en su universo para este tipo de cosas. Y hay quienes sin percatarse, meditan todo el tiempo. Tal vez no lo sepas, pero siempre que estas en una sesión de surf, inconscientemente estas meditando. El surf, así como la mayoría de los deportes, sobre todo los extremos, te abre las puertas a otra dimensión mental. Y esto es algo, que si surfeas de verdad, seguro ya lo habrás experimentado. Si no lo crees, haz memoria y recuerda tu última sesión. El mar es un espacio sin tiempo. Donde las distancias son relativas. Puede parecer que estas muy lejos, y en realidad estas muy cerca, a tan solo a tres espumas del punto. O puede parecer que estas muy cerca, y de repente cae el set y te das cuenta que en realidad te encuentras muy lejos.  Entre set y set, intentas seguir adelante. Hay una llama, un fuego interno que te motiva a no rendirte y soportar las revolcadas, la falta de oxígeno, el cansancio, el sol, todo. Solo tienes una cosa en mente: llegar al punto y cachar esa ola. Y luego, de repente, en algún momento, logras llegar. Trata de recordar ese instante en el que llegas. Al fin te sientas en la tabla, con la mirada fija en el horizonte, tomas aire y esperas. En ese instante nada importa. Es como dicen, “un espacio sin tiempo”. La mente se ve obligada a relajarse y a percibir tan solo el momento. Esto, queridos surfers es meditación. Desde el momento en que entras al mar, con tan solo una meta fija, sin tratar de crear, decir ni pensar nada, solo a lo que vas, entonces estas meditando.
Y qué decir de ese mágico momento en que por fin aparece, la observas formándose desde el inmenso horizonte azul marino, esa figura sagrada que tanto placer nos produce a todos los amantes del mar: la ola. Si aún quedaban pequeñas partículas de pensamientos ajenos, en aquel momento desaparecen. El tiempo ser termina de disolver. Vas por ella.
Es muy curioso, en la tradición de Yoga, se dice que en el camino de la realización espiritual, se tienen que seguir ocho pasos. Estos son: Yamas (correcta relación con los demás) Niyamas (autocontrol personal) Asana (posturas para sanar y equilibrar el cuerpo y la mente) Pranayama (ejercicios de respiración) pratyahara (introspección hacia los sentidos internos) dharana (concentración) Dhyana (meditación, reflexión, contemplación) y finalmente, con todo esto, se logra llegar al octavo paso que es SAMADI. El samadi es el fin supremo de todo el camino del Yoga. Es lo que le sigue a una meditación exitosa. Se supone que es un estado de absoluta conexión con el ser supremo que reina el universo. Dios, en otras palabras, aunque los no religiosos dirán que es puro choro, el Samadi va más allá de cualquier concepción religiosa. Es algo extra terrenal. Una sensación de plenitud y total armonía. Indescriptible. Incomparable. Extrasensorial. Que suele durar solo unos momentos. Es esta sensación la que buscan insaciablemente, a veces por años o por vidas enteras millones de personas en el mundo. Sobre todo aquellos monjes y gurús que se alejan de la sociedad. Son incontables los caminos a la realización espiritual. Pero, lo curioso aquí es que es precisamente esa misma sensación la que experimentamos cuando cogemos una ola. Como siempre decimos “solo un surfer sabe lo que se siente”. Si prestas atención te darás cuenta de que eso que sientes al surfear esa ola, al entubarte, al sentir esa energía, no puede ser menos que un estado de conexión con Dios, sea este lo que sea. Y no hay nada en el universo que se le pueda comparar.


Así que, un surfer, es un yogui, que hace meditación activa todo el tiempo, y que, aun cuando quizá no lleva al pie de la letra los otros siete pasos, al final casi siempre consiguen la meta última de todo yogui, tal vez sin darse cuenta. Es por eso que somos tan felices.
Lo ideal aquí seria, que de alguna manera, como surfers que somos, hiciéramos conciencia de todas estas conexiones e intentáramos incorporar un poco más de estos pasos a nuestra vida cotidiana. Como la meditación por ejemplo. Es algo que se puede hacer en cualquier lado, no solo cuando estas surfeando, y si lo haces con regularidad, seguro conducirás tu mente a un estado muy parecido al que experimentas cuando estas en el mar. Esto es muy útil sobre todo cuando tienes que pasar largas temporadas de trabajo o estudio alejado de las olas. Si no tienes idea de cómo hacerlo, aquí te damos algunos consejos para comenzar a meditar fuera del agua.
1.    Elije un día en el que te sientas relajado y listo para dar una oportunidad a la meditación.
2.    Escoge un lugar cómodo: puede ser tu casa, la oficina, tu recamara, etc.
3.    Usa ropa cómoda.
4.    Enciende o apaga la música (puedes elegir alguna selección de sonidos relajantes o música de meditación que podrás encontrar en internet, o si lo prefieres en silencio total)
5.    Siéntate en el piso, sobre una manta con la columna en posición vertical; es preferible que tus piernas se encuentren flexionadas y estés a nivel del piso, pero si te es difícil, puedes sentarte sobre un banco o en una silla, lo importante es que te sientas cómodo.
6.    Coloca las manos sobre los muslos.
7.    Cierra lentamente los ojos.
8.    Haz los ajustes necesarios hasta encontrar una posición natural, cómoda y recta.
9.    Respira y expira solamente a través de la nariz.
10.    Relaja los músculos de la mandíbula y de toda la cara incluyendo parpados y entrecejo.
11.    Concéntrate en tu ritmo de respiración.
12.    Olvídate de cualquier cosa que te produzca preocupación o que te altere emocionalmente, si un pensamiento por el estilo aparece, solo obsérvalo, y déjalo pasar, como si vieras pasar las hojas de un árbol por la corriente de un rio.
13.    Para alcanzar un estado de relajación; Ignora todo a tu alrededor incluyendo sonidos, olores, tactos, gustos y hasta pensamientos.
14.    Cuando notes que es la hora detén la meditación y, poco a poco, abre los ojos.
Se recomienda que las sesiones de meditación se hagan después de alguna sesión de ejercicios. Esto te conectara con tu ser interior, cuando percibas el ritmo, el sonido y la vibración de tu respiración y la intensidad con la que late tu corazón, contrastando con antes y después de comenzar el ejercicio. Al principio tal vez solo logres concentrarte por pocos minutos. No te desesperes. Es como cuando esperas esa ola. Requiere tiempo y disciplina. Pero hay buenas noticias para ti. Tú ya estás acostumbrado. Ese fuego que te obliga a seguir remando para poder pescar la ola y que te da la fuerza para soportarlo todo, esa es la llama que refleja tu espíritu. La esencia de tu ser interior. Un surfer es disciplinado por naturaleza. Nada le motiva más que la fe que tiene en sí mismo para volver al punto y volver a sentir, aunque sea por pocos segundos, ese estado supremo de conexión con el universo. Ese momento en que surfeas. Lo mismo en la meditación. Relájate y observa, con mucha atención. Como si esperaras la ola. Sin tiempo. Sin distancia. Sin espacio. Tan solo tú. Este momento y esta vibración.

La generación perdida

Cuando pienso sobre el pasado, presente y futuro de México y del mundo en general y en los retos que tenemos que enfrentar, me sucede algo q...